1 de octubre de 2020

Glovo, ¿será rentable algún día?

Hay startups que se lanzar a conquistar un nuevo mercado con la esperanza de que los beneficios lleguen algún día, pero algunas se enfrentan a la evidencia de que no llegan nunca.

Confían en que alcanzarán un tamaño que les aporte un margen que cubra sus costes de estructura y sus gastos de marketing y captación de clientes, de modo que puedan empezar a obtener beneficios. O al menos que su negocio empiece a generar excedentes que les permita repagar su deuda y algún día repartir dividendos a sus accionistas.

El problema es que, a veces, ese tamaño no se alcanza nunca, y por tanto no se llega a esa situación ideal que asegure su supervivencia. En tal caso, cuando se acaba el capital, mueren.

Incluso a veces pasa que, cuando van progresando y aumentan sus esperanzas de alcanzar esa cima de felicidad, ocurre algo que las alejan de su punto de equilibrio.

¿Es el caso de Glovo?

En su lucha por defender que sus raiders no son empleados sino autónomos (con lo que consiguen unos menores costes y una mayor flexibilidad que son esenciales para el negocio), han sufrido una importante derrota judicial en España. ¿Será ese el fin de la empresa?

Espero que no, porque es un servicio que se ha demostrado que llena un hueco demandado por los clientes. Pero, en cualquier caso, obligará a sus gestores a repensarse las bases de su modelo de negocio, y sin duda afectará a sus expectativas de crecimiento.

  1. Ferran Pi Roca dice:

    Cuando “ocurre algo que las aleja de su punto de equilibrio” es un problema de rompimiento del ritmo. Posiblemente el mayor valor para una empresa es mantener un crecimiento rítmico, constante como un reloj (tic-tac). Que pueda ir al compás del tiempo y no al compás de los eventos.

    ¿Se podía prever el riesgo de adaptabilidad que suponía una regulación laboral hostil con el modelo actual de riders? ¿Podía Glovo anticipar un plan de acción?

    Tal vez la mejor decisión no es dónde quiero estar sino a qué velocidad o ritmo quiero avanzar. El ritmo es el que debe ser el correcto en ambientes dinámicos: permite orquestar las transiciones y anticiparse a lo que viene aunque sea disruptivo. Permite sincronizarse con el mercado y con el futuro. Cuando se marcha al compás de los eventos la empresa es más errática y estresante y más difícil retomar el ritmo perdido.

    Buena suerte a Glovo y a su equipo.

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