1 de noviembre de 2020

El mercado laboral, el gran fiasco de España

España necesita mejorar su productividad, y esa mejora pasa por resolver o al menos mejorar lo que peor lleva: un mercado laboral que no funciona. Nuestra tasa de paro es inaceptable y en especial en la gente más joven. Somos el ejemplo a no seguir en Europa y en general en los países desarrollados.

No funciona nada o casi nada. Me refiero a una larga lista de aspectos que influyen:

  • La educación no está orientada al empleo. Nuestro sistema no forma para emplearse. Los jóvenes se forman en lo que les apetece o en lo que les parece más fácil, no en lo que demanda el mercado. Y así ocurre que las empresas no pueden cubrir muchos puestos de trabajo, a la vez que las colas del paro son cada vez más largas. COVID aparte. Y los salarios cada vez más bajos. Es decir, que todos, empresas y parados están quejosos. Y así perdemos todos los trenes. Pero es que, además, la educación española se olvida de algo esencial: la comunicación. Los trabajadores españoles no saben comunicarse bien, en cualquiera de las formas de comunicarse: oral o escrita. Y no hablemos de idiomas, donde se han registrado avances pero no son suficientes. Y todo esto afecta a la educación primaria, secundaria, la formación profesional y la universitaria. Se comparte el diagnóstico, pero no se le pone solución. Un ejemplo: recientemente veía un reportaje de cómo se avanza en la formación profesional (un tema eterno) y a los estudiantes se les trataban de enseñar las técnicas básicas de carpintería en primer curso, para así ir avanzando curso a curso. A mi me pareció un gran error. ¿Por qué no se les pone desde el inicio ante el reto de hacer un mueble y a partir de ahí se les van enseñando las tÉcnicas necesarias?
  • La actitud empresarial, que no apuesta por los jóvenes y amaga sus deficiencias y la falta de una cultura de apoyo al talento amparándose en una legislación que permite tratar a los empleados como si fueran números, contratándolos en períodos temporales sin ningún compromiso mutuo. Y la falta de actitud emprendedora, algo que ha mejorado en los últimos tiempos pero que aún es insuficiente. Sigue pesando mucho la atracción de una vida funcionarial, al margen de los riesgos vitales de los asalariados y amparados por una nueva exigencia de productividad. Del mismo modo que el negocio inmobiliario y turístico acabó con la industria en muchas partes de España, el funcionariado es una rémora para el emprendimiento.
  • La ineficacia del aparato público teóricamente orientado a la facilitar el empleo, que ha quedado relegado a una oficina de parados. ¿Quien se coloca gracias a los servicios públicos? Nadie. Los parados están en manos de las ETT, parte de la solución y parte del problema. Al final es el boca oreja el mejor servicio de búsqueda de empleo.

El resultado de todo ese conjunto que no funciona es que nuestro país no funciona, y que nuestra productividad no despega. Que nuestros mejores profesionales se van al extranjero, donde encuentran mejores oportunidades. Y que el país pierde oportunidades de acoger inversiones empresariales interesantes, por falta de mano de obra cualificada.

En definitiva, que el país no funciona.

A todo eso se añade el envejecimiento imparable, componiendo un cóctel explosivo que nos puede llevar directos a la segunda división económica mundial, aparte de empobrecernos y hacer imposible de sostener nuestros estado del bienestar. ¿Quien va a pagar nuestras pensiones en el futuro? ¿Quien va a pagar nuestra deuda pública, ahora engrandecida por la crisis de la COVID19?

  1. Ferran Pi Roca dice:

    Una causa puede estar en cómo se formaron las sociedades en el período colonial. Cuando España descubrió América en 1492 y empezó a explotar sus tierras llenas de oro, Inglaterra estaba diezmada por la Guerra de las Dos Rosas y no estaba en condiciones de conquistar nuevos mundos. Hasta que cien años más tarde, después de ganar confianza por la victoria sobre la Armada Invencible de Felipe II, se decidió colonizar Norteamérica, no porque había oro, sino porque era el territorio que quedaba por conquistar.
    Huelga decir cuáles fueron las consecuencias de las distintas mentalidades en la forma de colonizar América Latina y Norteamérica. Las instituciones políticas y económicas no manejaron del mismo modo la innovación, la política o la concesión de préstamos para emprender.

    Más adelante, la Revolución Industrial pasó de largo en España. ¿Pasará de largo también la Transformación digital? Al igual que ocurre con la expresión “nueva normalidad”, donde se le suele poner más atención a la palabra “normalidad”, en lugar de “nueva”, en la transformación digital ponemos erróneamente el acento en lo “digital”, cuando antes se necesita una “transformación” cultural potente y enterarnos de una vez que el mundo cambió y que el Covid lo ha acelerado todo.

    La historia no podemos cambiarla. Pero hay países que no hace mucho vivían sólo de la agricultura, como por ejemplo Israel o Corea del Sur, que han sabido crear un punto de inflexión en su beneficio.
    ¿Por qué no podemos ser capaces de interpretar el momento que vivimos? No toca reconstruir. ¿No se debería resetear todo a fondo? Todo es todo.

  2. José C. Fdez dice:

    Apreciado Paco,
    En respuesta a tus preguntas me temo que serán nuestros hijos y nietos los que sufrirán las cargas de las deudas. En muchísimos casos heredarán mas pasivos que activos y con el Impuesto de Sucesiones incluso tendrán que renunciar a gran parte del patrimonio que reciban si solo consiste en la vivienda de sus padres. Alguien les tendrá que contar en que consistía lo que se llamaba estado del bienestar y como se lo cargaron los incompetentes políticos.

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