El alquiler turístico, un torpedo de dos cabezas
Una destruye la convivencia vecinal, otra el acceso a la vivienda
(Disculpad que hoy hable de un tema sociopolítico, que, además me está afectando personalmente, para mal)
¿Qué sentido tiene que en España se autorice el alquiler turístico de viviendas en edificios o entornos vecinales ajenos al uso turístico?
El alquiler turístico ataca simultáneamente dos derechos constitucionales esenciales: la convivencia vecinal y el acceso a la vivienda.
La convivencia vecinal la ataca porque sustituye vecinos por huéspedes. Personas ajenas a la comunidad, que ignoran o directamente desprecian a los vecinos.
El acceso a la vivienda lo ataca porque aparta a las viviendas que se alquilan del mercado de compra o alquiler de uso continuado, llevándolas al mercado hotelero.
Parece mentira que, como sociedad, no nos demos cuenta. Y que dejemos que prolifere como un cáncer que enferma nuestra sociedad, generando conflictividad social y escasez de vivienda.
El alquiler turístico debería limitarse a espacios turísticos, y prohibirse totalmente en espacios vecinales. Es decir, concentrarlo en bloques o complejos de apartamentos turísticos o resorts, pero sacarlo de los bloques de pisos o las urbanizaciones de casas colindantes.
Nadie quiere tener a los turistas en la casa de al lado. Desconocidos que llegan para estancias cortas y que en su mayoría “compran” el derecho a la juerga, a los horarios intempestivos y al ruido.
Son personas que, como he dicho, se despreocupan o desprecian a los vecinos. Ni los conocen ni los quieren conocer. Y mucho menos respetar. Con contadas excepciones, desde luego.
Para los extranjeros, “Spain is diferent”. España es más tolerante que sus países y, en todo caso, las quejas y las posibles sanciones (si las hay) les llegarán cuando ya estén de regreso en su país. Mientras tanto, detrás dejan a los vecinos afectados, a los que los propietarios, las plataformas o las agencias de alquiler turístico suelen responder que “no hay para tanto”. Que ellos ponen unas normas. Pero los inquilinos desconocen o pasan de esas normas.
¿Todo vale porque “cada propietario tiene derecho a alquiler su propiedad como quiera”? Yo creo que no.
Va siendo hora de que quienes tienen potestad para regularlo (prohibirlo) lo hagan. Por ejemplo los ayuntamientos. En este sentido, en mi opinión, la decisión del ayuntamiento de Barcelona va en la dirección correcta.
En espacios turísticos convencionales (hoteles, hostales, edificios de AT, resorts, etc.), en los que el vecino del turista es otro turista, ya existen reglas de convivencia y responsables de que se cumplan, que están físicamente en el mismo edificio o entorno turístico. En las viviendas de alquiler turístico, no hay responsables. Y los turistas lo saben.
Prohibir las viviendas de alquiler turístico en entorno vecinales seguro que impacta en nuestra economía, pero ¿tiene sentido poner la economía por encima del derecho a una convivencia pacífica y el acceso a la vivienda? Yo creo que no. Y seguro que si los propietarios de viviendas de alquiler turístico lo sufrieran en primera persona, estarían de acuerdo.
PS. Como he dicho en la introducción, mi esposa y yo (ambos de 72 años) lo estamos sufriendo en nuestras propias carnes. Vivimos en una urbanización de chalets creada hace 70 años, en un entorno tranquilo de vecinos de toda la vida, pero el hijo de unos vecinos mayores ha decidido mandarlos a un pisito en el pueblo y poner su casita en alquiler turístico en AirBnB. El resultado: una vivienda menos a la venta o el alquiler convencional (en un entorno de gran escasez de oferta), y la intromisión periódica de grupos de turistas, extranjeros en su mayoría, que rompen la convivencia del vecindario y nos amargan la vida a todos. No sé hasta qué punto es consciente del mal que nos hace. A nosotros y a toda la sociedad…

