Érase una vez un mundo…
…que creyó que la tecnología sería su salvación, y en realidad fue su verdugo
Un mundo que estaba asolado por una crisis climática sin precedentes y que creyó que la tecnología en general, y en especial el desarrollo exponencial de la IA, aportarían las soluciones que la especie humana no podía o no estaba dispuesta a poner en práctica.
“No os preocupéis, que la tecnología resolverá la crisis climática (si es que existe)”, decían los negacionistas.
Pero la realidad fue que esa eclosión de tecnología supuso un incremento tal de centros de procesamiento y almacenamiento de datos, que acabaron precipitando el fin del mundo, porque agudizaron la crisis climática, generando más y más CO2 y consumiendo ferozmente recursos naturales (en especial agua); de tal manera, que el mundo traspasó todos los límites, sucumbiendo al fin.
No ayudó nada un entorno sociopolítico convulso, en el que la polarización y el cretinismo se generalizaron, gracias en gran parte a las redes sociales (otra fuente de consumo energético letal y de alineación del ser humano, ya desde la más tierna infancia).
Al paso que vamos, este puede ser el relato de nuestra extinción como especie.


Pienso que la tecnología aporta siempre muchos avances a la sociedad pero me da la sensación que con la aplicación de la IA sin ningún tipo de ética y las CBDCs que nos van a imponer todo apunta a control, manipulación y una nueva forma de esclavitud.
Seguiremos aprendiendo a base de hostias.
Cada vez más y mayores.
Y me pregunto si en última instancia tampoco somos más que una hostia para la tierra…