Un artículo de la revista del IESE, firmado por el profesor pedro Videla, me ha inspirado una reflexiones que quiero compartir con mis lectores.
Hay cuatro grandes retos que nos agobian a todos los ciudadanos del mundo, y a los que la empresa actual ha de hacer frente:
La geopolítica, que tan perturbadora como impredecible, y lo seguirá siendo mientras gobierne Trump y más allá.
La irrupción rompedora de la Inteligencia Artificial (IA), que supone un reto, una amenaza y también una esperanza.
La crisis demográfica, que afecta al mundo desarrollado (especialmente la UE), pero indirectamente a todos los países, provocando movimientos migratorios descontrolados e inevitables. Y que hace bastante imprevisibles la proyección del crecimiento económico.
Y, last but not least, la crisis climática, que en estas fechas vivimos intensamente en primera persona, y que está afectando a la convivencia y a la productividad en todo el planeta.
¿Qué pueden hacer los empresarios ante estos retos?
La evolución geopolítica requiere reforzar la resiliencia del negocio, de las cadenas de suministro. El coste y la rapidez de suministro ya no son lo prioritario. Hay que protegerse. Hay que adaptar el just in time a las nuevas circunstancias. Hay que volver a las fábricas locales o cercanas, y a priorizar los mercados locales o cercanos. La globalización no se ha acabado, sino que hay que tener en cuenta nuevos factores. Hacer las cosas más cerca y con clientes y proveedores de confianza (se impone el near-shoring y el friend-shoring). En resumen, China seguirá contando, pero también India, México, Turquía, Marruecos….
Ante la IA, el reto de los directivos es encontrar el modo de capturar valor, sin olvidarse de asegurarse el acceso a la infraestructura que la hace posible. Para capturar ese valor deben rediseñar sus empresas: la organización y los procesos, por un lado, y el propio modelo de negocio, por otro. Es un reto mayúsculo, pero quienes no lo afronten corren el riesgo de desaparecer en el medio o largo plazo.
La crisis demográfica debe afrontarse con realismo y capacidad de adaptación. Clientes envejecidos, con nuevos requerimientos, a los que hay que responder. Y grandes desafíos a la hora de encontrar y formar a la fuerza de trabajo. Aprovechando y alargando la vida laboral de los seniors, a la vez que se sabe incorporar a trabajadores inmigrantes.
Por último, ante la crisis climática, hay que replantear los puestos de trabajo y las condiciones laborales. Y tomarse en serio las medidas para hacer frente al fenómeno, que puede ir paulatinamente a peor.
En resumidas cuentas, una agenda de adaptación que ninguna empresa puede despreciar.

