Hablar en público es más fácil de lo que piensas
Sugerencias para hacerlo razonablemente bien
Cuando empecé mi carrera profesional no sabía hablar en público. Incluso le tenía terror.
En el colegio y en la universidad no me enseñaron a hacerlo. Y mi personalidad es retraída y vergonzosa por naturaleza.
Supongo que sois muchos a los que os pasa lo mismo.
Pero con el paso de tiempo, la práctica (“lanzarse a la piscina”) y algunos maestros de los que traté de aprender todo lo que pude, creo poder decir que desde hace años hablo en público con soltura y sin más miedos que los lógicos de enfrentarse a una audiencia y tratar de hacerlo lo mejor posible (algo que nunca se ha de perder).
De hecho, mi objetivo, cuando ya conseguí dominar el escenario, pasó a ser más alto: que enalgún momento de la charla la audiencia (y yo mismo) “levitemos” en un espacio virtual común que nos permita perder el sentido del tiempo y nos sumerja a todos en las ideas que les estoy transmitiendo.
Suena raro pero es algo que conseguí a los pocos años de lanzarme como orador. Y no sólo lo notaba yo, sino que me lo confirmaba mi audiencia. Para mí era llegar a la cima. Supongo que es algo que consiguen los mejores oradores. Pero no todos.
Os voy a compartir alguna de las claves que me permitieron llegar hasta ese nivel a mí (no sé si sirven para todos):
Preparación. Hay que prepararse la charla, pero no en exceso; no obsesionarse. Hay que dejar espacio a la improvisación. E improvisar es posible si se conoce muy bien la temática de la que se habla. Nunca acepteis hablar de algo que no conozcais bien.
Mejor sin pantallas. Incluso sin notas, si es posible. Y si llevas notas, sólo para seguir un guión; no el discurso escrito. ¡Nunca entregues antes el discurso escrito! Tampoco es necesario que lo entregues después, salvo casos excepcionales, y siempre a petición. ¿Quién se mira una presentación a la que ha asistido con interés cuando le llega después de la charla?
Atrae toda la atención hacia ti. La clave de una presentación de éxito es que la audiencia te mire a ti, que siga el ritmo de tu discurso a través de tus palabras y de tus gestos. ¡No se puede seguir una pantalla y un orador a la vez! O lo uno o lo otro.
Cuidado con el Powerpoint. El Powerpoint se ha de evitar siempre que se pueda. Y si se usa, ha de hacerse respetando algunas reglas que muchos oradores se saltan:
No confundir el Powerpoint con el Word. Hay oradores (es muy frecuente entre abogados y fiscalistas) que utilizan el Powerpoint que proyectan como si fuera un Word. Cada página llena de puntos y palabras, en un tipo de letra muy pequeño, que ellos se brindan amablemente a leer para su audiencia. Audiencia que, o se duerme o se pone a otra cosa, confiando en que ya le llegará el documento y se lo leerá con calma. Una pérdida de tiempo. Un fracaso.
Si se usa el Powerpoint, cada página ha de ser estrictamente necesaria para reforzar el discurso: un guión, una imagen, una fórmula, una receta… Cuando se trata de un guión, cada página no debe exceder de 5 puntos (bullpoints) y el texto debe ser sólo un enunciado, o mejor un titular. El desarrollo lo debe hacer el orador de palabra. En definitiva, el Powerpoint ha de ser una ayuda para el orador, no debe competir con él/ella por la atención de la audiencia.
Se ha de tener en cuenta que en cada página (slide) se consume, de media, entre 3 y 5 minutos. Si se quieren proyectar 30 slides y se dispone de media hora, seguro que se excede el tiempo. Si se dispone de 60 minutos, lo aconsejable es no pasarse de 20 slides. ¡Ensayar previamente el discurso ayuda a acotar el tiempo!
Investiga, documéntate. Hay multitud de libros, cursos, videos, etc. sobre cómo hablar en público. Seguro que los encuentras. Conviene que investigues y te documentes. ¡Pero no te obsesiones! Sé tú mismo/a. Me permito recomendarte uno de mi editorial: Hablar en público en 4 pasos, en el que tres expertos relacionados con las charlas TED (que seguro que conoces) recomiendan un método concreto: https://librosdecabecera.com/hablar-en-publico-en-4-pasos
No te desanimes, practica. En general, la excelencia viene de la práctica. Yo me consideraba un mal orador, como te he dicho, pero fruto de la práctica ahora me desenvuelvo en el escenario como pez en el agua. Seguro que tú también puedes.

