La clave de la creación de valor
Consiste en vender INTELIGENCIA
Cuando creamos valor en cualquier empresa, si analizamos bien cuál es el componente fundamental (podríamos decir que el secreto) de dicha creación de valor, la respuesta es LA INTELIGENCIA.
SÍ, quizás te sorprenda, pero si lo piensas bien, me darás la razón.
Los productos o servicios que vendemos, porque hemos creado un valor que hace que nos los compren, son el resultado de inteligencia aplicada.
No basta con esforzarnos, aunque siempre ayude.
Tampoco basta con la aplicación pasiva de la inteligencia. Quizás sirva para vender una patente, pero no para tirar adelante una empresa de éxito.
Detrás de una empresa de éxito siempre encontramos a una persona o un equipo de personas inteligentes. Que han creado el producto o servicio que venden. Que han sabido rodearse de un equipo de personas inteligentes. Que han sabido tomar decisiones inteligentes.
Sin inteligencia no hay éxito. Con poca inteligencia hay poco éxito. Creo que es una regla irrefutable de la empresa (y me atrevería a decir que también de la vida).
Es la inteligencia que contienen nuestros productos o servicios lo que los hace exitosos. Es la inteligencia contenida en nuestra estrategia lo que la hace exitosa.
Estamos hablando de inteligencia activa, de inteligencia aplicada y mostrada al mundo, inteligencia con un propósito. Inteligencia que debe ir acompañada de acción.
Todos los empresarios o directivos de éxito son personas inteligentes. Con ese tipo de inteligencia inteligente, inteligencia emocional, que cada uno aplica a su manera, que les permite la ser suficientemente inteligentes como para rodearse de un equipo tan o más inteligente que ellos mismos.
Si lo pensamos bien, es esa falta de inteligencia lo que hace que muchos proyectos empresariales fracasen, porque en realidad no son (no somos) suficientemente inteligentes para proyectar esa inteligencia en sus productos o sus modelos de negocio. O que no sobrevivan a su fundador, porque no son suficientemente inteligentes para escoger colaboradores inteligentes, o no saben colocarlos en el puesto más adecuado para que expresen esa inteligencia.
Porque todos tenemos un grado mayor o menor de inteligencia, y se trata de que sepamos aprovecharlo. El mundo, en general, no fracasa porque falta inteligencia, sino porque no se sabe aprovechar a las personas en su ámbito de inteligencia.
En fin, he querido compartir con mis lectores, para que penseis, algo que siempre a mí siempre me ha hecho pensar. Y pensar es un elemento esencial del desarrollo de nuestra inteligencia. Que es lo único que tenemos.

