Las finanzas del futuro se basarán en la combinación de datos, dinero y reglas, embebidos en sistemas que actuarán en tiempo real.
Todo en un paquete. Todo en una única transacción. Posiblemente hecha autónomamente por un agente de IA.
La IA pasará de asistir al operador a actuar por su cuenta. comparando opciones, negociando límites y ejecutando tareas. Y coordinando cobros y pagos.
¿Cuál será el papel de los bancos? Todavía no está del todo claro, pero probablemente estará en asegurar la gobernanza del sistema: quien autorizó la operación, qué datos utilizó y quien responderá si algo falla. ¡Y quien controla que un algoritmo, un agente, se haya vuelto loco!
Todo eso lo facilitará la tecnología: acceso a bases de datos, tiempo real, IA, integración de sistemas, tokenización, ciberseguridad, liquidez digital…
Los sistemas se autorregularán, porque es la única manera de controlar las transacciones instantaneas. La trazabilidad será intrínseca a todas las operaciones.
La cuestiones son:
¿Hasta dónde confiaríamos en agentes autónomos?
¿Cómo podemos asegurarnos de que la tokenización aporta valor?
¿Cómo podemos medir y controlar el riesgo sistémico?
¿Qué papel jugarán los bancos centrales?
¿En qué o en quién podremos confiar?
En definitiva, las finanzas del futuro serán más instantáneas, más programables, más personalizadas, y más dependientes de la confianza.
Aceleradas por la IA y la tokenización. Limitadas por la ciberseguridad.
Y seguirán siendo válidos conceptos como:
Diversificación de riesgos
Rentabilidad vs riesgo
Liquidez vs iliquidez
Confianza en la contraparte de cualquier inversión (bancaria o no bancaria)
Habremos de afrontar 4 transiciones simultaneas:
Del dinero lento al dinero 24/7 (es algo que ya estamos disfrutando en la eurozona)
De productos estándar a finanzas personalizadas gracias a la IA
De intermediarios visibles a infraestructuras invisibles
De seguridad física a identidad y ciberseguridad
Nadie duda de que el dinero físico desaparecerá. Todo será digital. Pero eso requiere un alto grado de accesibilidad, confianza y seguridad. Algo que ya experimentamos, pero que se llevará a su máxima expresión, aupado por generaciones jóvenes de personas que ya simpatizan con el concepto.
El euro digital es inminente. Y es efectivo en formato digital, no otra criptomoneda más. La cuestión a resolver es que el público tenga total confianza en este dinero digital, del mismo modo que la tiene en el físico.
La tokenización llegará todos los activos: bonos, depósitos, acciones, participaciones en fondos… Y los activos tokenizados llevarán embebidas las reglas de juego.
Los agentes de la IA llevarán nuestras finanzas de forma autónoma, lo que lo hace más fácil pero a su vez requiere unos límites y un control.
La banca cambiará radicalmente (de hecho ya lo está haciendo). Venderá confianza, control de identidad, asesoramiento e infraestructura. Pero competirá con las fintech y las grandes tecnológicas. Eso sí, bajo la batuta de los supervisores (los bancos centrales).
Las posibilidades de sufrir ciberataques serán mayores, por lo que tendrán un papel principal los “proveedores de confianza”. Además de asesorar y ejecutar en segundos, los bancos deberán ofrecer CONFIANZA en un entorno tecnológica y legalmente complejo.

