Una empresa, un negocio, no puede sobrevivir si no tiene tres cosas esenciales:
La primera, que es la base de todo: un líder válido. Válido quiere decir que sea a la vez visionario y práctico. Que sepa conducir la empresa a través del camino siempre complejo que supone la gestión de una empresa. Que sepa construir los otros dos elementos. Y manejarlos y conservarlos.
La segunda: un equipo válido. Una empresa no sobrevive si es una sola persona; por muy válida que sea. Una empresa exitosa “es” un equipo exitoso.
La tercera: una propuesta ganadora. Que permita llegar a su mercado, a sus clientes potenciales, ofreciendo algo realmente ventajoso frente a lo competencia. Algo que esos clientes valoren por encima de lo que ofrecen todos los demás. Algo que haga “fácil” la labor comercial.
Si no se tienen esos tres elementos (¡los tres!), es mejor no empezar. O si ya se está en marcha y no se tienen, prepararse para el cierre. Y de un día para otro si no se tiene ninguno de los tres.
¿Cuántas empresas los tienen todos? Muy pocas.
Si nos fijamos en las empresas exitosas, aquellas que son líderes en sus mercados, seguro que los tienen los tres.
Esos tres elementos, además, se han de ir renovando. No valen para siempre. Porque el líder se agota, el equipo sufre bajas o los mercados cambian.
No es una tarea fácil, pero hay que trabajar para que ese trípode de elementos no decaiga.
Y, aunque no son vitales, deben ir acompañados por dos elementos complementarios:
Una óptima capacidad operativa: compras, producción, logística, red comercial, atención al cliente…
La mejor gestión económica y financiera.
Parece sencillo, ¿no?

