Política, estrategia, táctica
La importancia de que estén alineados
A veces nos olvidamos de los elementos fundamentales en nuestra actividad diaria. Uno de ellos es la necesidad de que lo que hacemos responda a un objetivo concreto y que estemos totalmente alineados con él. Se dice que pasan cosas buenas cuando “los astros están alineados”, y por algo será.
Por desgracia, no siempre estamos alineados. Al revés, lo normal es NO estemos alineados. Y sucede a todos los niveles: político, empresarial e incluso familiar.
Cuando hablamos de alineación nos referimos, por ejemplo, a nuestra actuación en los tres niveles de la vida; en este orden:
El largo plazo: nuestra política, nuestras aspiraciones, nuestros objetivos vitales.
El medio plazo: nuestra estrategia, nuestro plan, los objetivos concretos que pretendemos conseguir para llegar a nuestros objetivos vitales.
EL corto plazo: la táctica, las acciones cotidianas, bajar las ideas a la acción para avanzar un poco cada día.
No es raro que las personas no seamos congruentes con nosotros mismos en cuanto a estos tres niveles.
Y mucho más raro es que en las organizaciones, sean empresas u organizaciones de cualquier otro tipo, no se consiga el alineamiento imprescindible de los tres niveles. Porque, además, lo normal es que cada nivel esté en manos de personas de diferentes niveles de la organización:
Los consejos de administración y los altos directivos, o los políticos, hacen eso: la política. Grandes ideas, grandes promesas. A veces prometiendo que el largo plazo se podrá conseguir milagrosamente a corto plazo.
Los directivos y mandos intermedios tratan de convertirla la política en una estrategia alineada, lo que no es nada fácil y pocas veces se consigue.
Y, por último, los jefes de departamento, los capataces, los operarios, los empleados de a pie, son los que han de bajar al suelo la política y la estrategia. Y tampoco es nada fácil. Quizás nadie se las ha explicado. Y mucho menos les hand ado la oportunidad de participar en su definición. La mayoría actúa por intuición. Y a un gran porcentaje de empleados les cuesta entenderlas.
Se dedica poco tiempo a estos tres elementos básicos de cualquier organización humana. Y no hacerlo tiene un gran coste.
De hecho, las organizaciones exitosas sí que lo hacen. Primero simplificando al máximo los objetivos políticos y estratégicos (y asegurándose de que son coherentes), y luego explicándolos a las personas de la organización y escuchando sus opiniones.
Cuando los empleados saben cuáles son los objetivos políticos y estratégicos de una organización, son mucho más productivos y trabajan mucho más motivados.
Incluso Clausewitz, un clásico de la estrategia militar del siglo XIX, en su libro De la guerra, ya establecía este modelo de actuación alineada en estos tres niveles como un requisito indispensable para el éxito.
¿Coincides conmigo, querido lector? ¿En cuál de los tres niveles te desenvuelves en tu trabajo, en tu familia, en tu vida diaria?

