Quo vadis, España?
No estamos por lo que deberíamos estar
Estos días me han llegado dos noticias que me han sumido en el pesimismo como ciudadano de este país que llamamos España.
No, no son noticias sobre el caos de la política española, con los profesionales de la política de izquierdas y derechas enfrentados como nos los había visto en mis 71 años. Tampoco son los múltiples juicios mediáticos que convierten a los jueces y fiscales en los protagonistas de la actualidad que no debieran ser.
Las dos noticias son:
Navantia ha perdido un importante pedido de Suecia, en beneficio de un astillero francés. El programa parece ser que ascendía a 3.900 millones de euros. No hace falta decir el enorme impacto que ese pedido hubiera supuesto para nuestra economía.
China ha construido la estación de trenes de alta velocidad más grande del mundo en la ciudad de Chongqing. De tamaño descomunal (1,2 millones de m2), es una maravilla de la ingeniería, acabada en sólo 38 meses. El gigante asiático ha dejado claro que está muy por delante del resto del mundo a la hora de abordar infraestructuras. Y no admite comparación con España. Aquí en Barcelona, por ejemplo, la nueva estación de trenes de La Sagrera lleva construyéndose, incluídas interrupciones, 16 años, y aún no se ha inaugurado oficialmente. Y seguro que no es un caso aislado.
Son dos casos diferentes, pero con un denominador común: podemos hacer las cosas mucho mejor. Debemos hacerlas mucho mejor, si queremos seguir contando algo en el mundo.
Somos un país donde no se priman los estudios técnicos. Y eso incide en que tenemos déficit de ingenieros (China es la nº 1 mundial en este aspecto) y lo mismo en lo que respecta a la formación profesional industrial (llevamos tiempo sabiéndolo, pero no solucionándolo).
¡Y nos falta ambición y compromiso para abordar grandes proyectos, a la vez que nos sobra burocracia!
Todo el mundo está a favor de los derechos de los trabajadores, pero cuando es necesario, todos hemos de arrimar el hombro. Si es necesario, hay que trabajar en turnos, de manera que las obras avancen las 24 horas del día, 7 días a la semana. En la economía del siglo XXI el tiempo es oro. En la estación china trabajaron (según dicen) 40.000 personas, por supuesto 24/7. Y seguro que con un índice de absentismo infinitamente menor que el que sufrimos aquí.
Y estamos también en la carrera de la tecnología aplicada: robots guiados por la IA, que permiten avanzar con mayor precisión y velocidad que los humanos en muchas tareas.
En fin, perdonadme este desahogo, pero necesitaba compartir con mis lectores estas realidades.
Si no estamos a lo que hemos de estar, después no nos quejemos cuando poco a poco nos vamos convirtiendo en un país de camareros y paletas (con todo el respeto), con salarios bajos y una tasa de paro récord en Occidente.

