Nos jugamos mucho como humanidad si no somos capaces de adaptarnos a la revolución que implica la Inteligencia Artificial.
No digo nada nuevo que no estemos escuchando hasta la saciedad.
Pero es que debemos ser conscientes, todos y a todos los niveles, de que lo que implica la IA es un verdadero tsunami económico, político y social. Y conviene que lo recordemos todos los días. Al menos hasta que veamos dicho tsunami encauzado.
Porque si no, se nos llevará a todos por delante.
Empecemos por lo positivo: la IA supone una gran oportunidad de mejorar el mundo en que vivimos:
Acelerar la innovación y los avances en las ciencias:
Salud: Descubriendo nuevas medicinas y nuevos tratamientos, mejorando y anticipando los diagnósticos, operando con precisión. Por ejemplo: ¿será capaz de encontrar un remedio contra el cáncer? Es muy posible que sí. Al menos de acelerar las múltiples investigaciones que se llevan a cabo.
Física y química: Ayudando a descubrir nuevas fuentes de energía y nuevos elementos. Permitiendo la utilización de materiales biodegradables que inicien una recuperación de la salud del planeta y la eliminación de los gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento y la crisis climática que estamos sufriendo y que nos puede llevar a una hecatombe global.
Matemáticas e ingeniería: Haciendo posible lo que ahora parece imposible a la hora de construir edificios, ciudades e infraestructuras.
Aumentar la esperanza de vida, haciendo posible vivir mucho más en condiciones de salud óptimas.
Mejorar la agricultura.
Mejorar los servicios gubernamentales.
Ayudar a hacer un mundo más feliz y más igualitario.
Acabar con las sequías.
Optimizar el tratamiento de las aguas.
Acelerar la productividad en todos los sectores, pero sobre todo en la industria.
Hacer posible una sociedad organizada de forma más equilibrada, en la que las personas no giren en torno al trabajo y al ansia de enriquecerse o de asegurar su subsistencia, porque ni enriquecerse sea necesario no tenga sentido, y la subsistencia esté asegurada por la comunidad, gracias a la extraordinaria productividad y a la excelente gestión de los recursos.
Una sociedad en paz que compagine la educación con el trabajo y el ocio, y la persona con la familia y la comunidad. En la que conviven armónicamente las personas y la máquinas (los robots), que estén totalmente al servicio de las personas.
¿Suena utópico? Quizás sí, pero no es imposible. Depende de nosotros. Seremos lo que seamos capaces de ser.
Sabiendo lo que implica, todos debemos estar comprometidos. La IA no es el enemigo. Somos nosotros.
Porque, y aquí vienen los riesgos, la IA mal gestionada, mal digerida por la humanidad, puede llevarnos al desastre:
Desde el punto de vista económico:
El primer gran impacto es en el empleo: la IA lo está cambiando todo. Exige una reubicación del empleo de dimensiones planetarias. Y si no se hace bien y rápido, el desempleo será enorme e inasumible. Desde los taxistas a los abogados, pasando por todo el espectro laboral y profesional.
El shock micro y macroeconómico será enorme. No sólo arrastrará empleos, sino que arrastrará empresas, sectores, regiones e incluso países. Salvo que corran a prepararse ante el tsunami. Cuanto antes lo asuman, mejor.
El shock fiscal, en las cuentas públicas, en la fiscalidad, también será enorme. ¿Se están preparando los estados, las regiones, las ciudades…? No veo que lo hagan, al menos al ritmo necesario.
Desde el punto de vista político:
La IA facilita y amplifica lo peor del ser humano, como ya lo han hecho las redes sociales. Debemos esperar lo peor. De hecho ya lo estamos viendo:
Ciberdelincuencia
Terrorismo
Desinformación
Los que estén por la guerra, por el caos, lo tienen más fácil
Los políticos y todas las personas que defienden la ley del más fuerte, lo van a tener más fácil. ¿A dónde nos llevará? Ya estamos viviendo numerosos casos de uso de la IA en enfrentamientos. Y veremos más.
La IA tratará de ser usada como un arma política. Ya lo está siendo. Sólo hace falta ver el enfrentamiento de EEUU y China.
Desde el punto de vista social:
Todo el fenómeno IA obliga a un cambio social profundo y a un enorme esfuerzo en muchos ámbitos:
En la educación
En el desarrollo de los jóvenes
En la reubicación de los trabajadores afectados
En la defensa de las familias
En la educación
En mi opinión, seremos capaces de superarlo si volvemos a lo básico: la defensa de la persona (niño, adolescente, adulto o viejo) y el alejamiento de la tecnología omnipresente. Hablar, escuchar, con los hijos, con los padres, con la familia, cara a cara, olvidarnos de las pantallas, de la redes, de los robots. Ser más personas que nunca.

